Estos primeros días de enero, habitualmente más tranquilos en el plano editorial, dejan más tiempo para la reflexión. Se hacen eco varios medios de que Torq acaba de entrar en el club de los unicornios tras cerrar una ronda de financiación de 140 millones de dólares, lo que sitúa su valoración en torno a los 1.200 millones. Un hito que va más allá del caso concreto de la compañía y que ayuda a entender hacia dónde se está moviendo el mercado.
Pero lo primero es lo primero. ¿Quién es Torq? Fundada en 2020, Torq se ha especializado en lo que denomina security hyperautomation: una plataforma diseñada para transformar la operativa de los centros de operaciones de seguridad (SOC) combinando automatización sin código con inteligencia artificial y sistemas multiagente. Su propuesta no se limita a orquestar herramientas, sino que introduce agentes de IA capaces de investigar alertas, correlacionar contexto, tomar decisiones y ejecutar respuestas de forma autónoma, escalando a los analistas humanos únicamente los casos más complejos o ambiguos.
Este enfoque encaja con una realidad cada vez más evidente en las organizaciones: el volumen de alertas sigue creciendo, los entornos son más distribuidos y la escasez de talento en seguridad se ha convertido en un problema estructural. En este escenario, plataformas como la de Torq prometen aliviar la presión operativa del SOC, reducir tareas repetitivas y permitir que los equipos se centren en actividades de mayor valor estratégico.
La ronda, liderada por Merlin Ventures y respaldada por inversores como Insight Partners, Bessemer Venture Partners o Evolution Equity Partners, permitirá a la compañía acelerar su expansión internacional y reforzar su presencia en mercados especialmente regulados, como el sector público y las infraestructuras críticas. Un movimiento que refuerza la idea de que la automatización basada en IA empieza a percibirse no solo como una ventaja competitiva, sino como una condición necesaria para sostener la seguridad a gran escala.
Más allá de Torq: un patrón que se repite
Lo destacado es que el ascenso de Torq no es un caso aislado. En los últimos años, varias compañías de ciberseguridad han alcanzado valoraciones multimillonarias aplicando la inteligencia artificial a problemas que llevaban tiempo lastrando la evolución del sector.
Si Torq representa la reinvención del SOC, Cyera simboliza un cambio similar en la seguridad del dato. Su enfoque, basado en una arquitectura nativa de IA para descubrir, clasificar y proteger información sensible en entornos híbridos y multicloud, responde a un contexto en el que el dato se ha convertido en el nuevo perímetro y la adopción de la IA generativa ha multiplicado los riesgos asociados.
Otro ejemplo es Abnormal Security, que ha aplicado modelos de IA conductual para abordar el vector de ataque más persistente: el comportamiento humano. Su crecimiento refleja cómo el mercado está premiando soluciones capaces de detectar anomalías reales.
A estos casos se suma Wiz, cuyo recorrido ha actuado como catalizador para todo el sector. Su adquisición por parte de Google por 32.000 millones de dólares marcó un punto de inflexión al validar, a escala industrial, las valoraciones premium de las plataformas de seguridad cloud nativas de IA y acelerar una nueva fase de consolidación del mercado.
En este contexto, Torq se consolida como uno de los exponentes más claros de una nueva generación de unicornios de seguridad, en la que la IA deja de limitarse a analizar lo que ocurre para empezar, directamente, a operar la defensa.
















