Las empresas españolas experimentan una media de 1.883 ciberataques por semana, según nuestro último Informe de Inteligencia de Amenazas. Esto demuestra que la ciberseguridad no es sólo un desafío técnico, sino también estratégico: los ataques ocurren incluso antes de que muchas organizaciones hayan podido incorporar o formar al personal adecuado. Por ello, esperar a buscar talento especializado suele llegar tarde, porque el daño ya se ha producido. En este contexto, resulta crucial que la educación y la preparación en ciberseguridad avancen al mismo ritmo que las amenazas, para que las empresas puedan protegerse de manera proactiva
Las amenazas digitales actuales atacan a escuelas, hospitales, municipios y pequeñas empresas con la misma agresividad que a las grandes corporaciones. Los ataques de ransomware paralizan aulas. Las campañas de phishing explotan a usuarios jóvenes con la misma facilidad que a empleados experimentados. Sin embargo, la educación en ciberseguridad sigue tratándose como una especialización de etapa tardía, introducida solo cuando las personas ingresan en el mercado laboral o persiguen funciones técnicas avanzadas.
Ese enfoque ya no es suficiente. Si queremos construir una resiliencia duradera en materia de ciberseguridad, la preparación debe comenzar con la antelación suficiente, y más aún si tenemos en cuenta que los jóvenes están entrando en el mundo digital antes que nunca. Utilizan a diario plataformas en la nube, dispositivos móviles y servicios conectados, pero sin una educación estructurada sobre riesgo digital, fundamentos de seguridad o pensamiento defensivo. Esperar hasta la edad adulta para introducir conceptos de ciberseguridad es similar a enseñar seguridad vial solo después de entregar a alguien las llaves del vehículo.
En este sentido, la educación en ciberseguridad funciona como una infraestructura de seguridad. Del mismo modo que las sociedades invierten en medidas de seguridad pública para reducir daños, educar en ciberseguridad desde edades tempranas reduce el riesgo sistémico en todos los sectores.
La educación en ciberseguridad es también una cuestión económica. La confianza digital sustenta la innovación, el crecimiento y la competitividad, y esa confianza depende de personas que comprendan cómo proteger sistemas y datos. A medida que la inteligencia artificial se integra profundamente en la forma en que las organizaciones construyen, operan y aseguran servicios digitales, esa confianza dependerá cada vez más de lo bien que las personas comprendan tanto el poder de la IA como sus riesgos.
Desde la perspectiva organizativa, una fuerza laboral bien educada en ciberseguridad reduce el riesgo, mejora la resiliencia y apoya un crecimiento sostenible. La próxima generación, que ha crecido junto a la IA, está en una posición única para adaptarse, aprender y liderar en este panorama de amenazas en evolución. Invertir hoy en la educación juvenil no solo refuerza las ciberdefensas, sino que también garantiza que las sociedades estén preparadas para un futuro en el que la IA y la ciberseguridad sean pilares inseparables de la economía digital.
El Día Internacional de la Educación es una ocasión ideal para resaltar el papel que la juventud juega en moldear el futuro del aprendizaje. Los jóvenes no serán únicamente usuarios de la tecnología: serán quienes construyan, operen y protejan los sistemas digitales. Garantizar que estén preparados para interactuar de manera segura y mantener la integridad de estos sistemas deja de ser opcional; se convierte en una responsabilidad compartida entre educadores, líderes del sector y responsables de políticas públicas.
Las amenazas que afectan al entorno digital son cada vez más sofisticadas. Por ello, es imprescindible contar con personas capaces de analizar la seguridad de forma crítica desde el primer momento.
Mario García, director general de Check Point Software para España y Portugal















