La Escuela Nacional de Policía de Ávila volvió a convertirse este martes en uno de los principales puntos de encuentro de la comunidad de ciberseguridad con la inauguración de la sexta edición de C1b3rWall. Bajo el lema “Cibercrimen 3.0”, el congreso reunirá durante tres días a miles de profesionales, representantes institucionales, expertos, investigadores y empresas tecnológicas para analizar la evolución de las amenazas digitales y las respuestas necesarias para hacerles frente.
Durante el acto inaugural quedó patente que la ciberseguridad ya no puede considerarse una cuestión exclusivamente técnica. Su impacto alcanza a la economía, los servicios esenciales, las administraciones públicas y, en última instancia, a la vida cotidiana de los ciudadanos.
Carlos Vázquez Ara, director de la Escuela Nacional de Policía, destacó precisamente esa transformación al recordar que más de 6.000 personas se daban cita en Ávila para participar en el evento. Una asistencia que demuestra que “la ciberseguridad ha dejado de ser una disciplina reservada a especialistas para convertirse en una prioridad estratégica de primer orden, transversal a toda la sociedad”.
El responsable de la Escuela defendió además el papel que ha desempeñado C1b3rWall desde su nacimiento como espacio de encuentro entre administraciones, universidades, fuerzas de seguridad y sector privado. En un contexto en el que buena parte de las infraestructuras digitales críticas están gestionadas por empresas, insistió en que “la colaboración entre el sector público y privado no es una opción, es una condición imprescindible para garantizar la seguridad nacional en el siglo XXI”.
Un reto que no deja de crecer
El director general de la Policía, Francisco Pardo Piqueras, centró buena parte de su intervención en la dimensión que ha adquirido el cibercrimen y en la necesidad de adaptar las capacidades de respuesta a un entorno cada vez más complejo y conectado.
“En el ámbito de las fuerzas y cuerpos de seguridad, en este momento es necesario garantizar la seguridad en el ámbito real, pero también en el ámbito virtual”, afirmó Pardo Piqueras, recordando que la seguridad ya no se juega únicamente en el plano físico.
A partir de ahí realizó un recorrido por la evolución de la ciberseguridad durante las últimas décadas para explicar cómo la digitalización ha multiplicado las oportunidades, “pero también los riesgos”. El resultado es un escenario en el que los delitos informáticos han dejado de ser una amenaza marginal para convertirse en una de las principales preocupaciones de gobiernos, empresas y ciudadanos.
Los datos que compartió durante su intervención reflejan esa realidad: más de la mitad del tráfico que circula por Internet ya es generado por máquinas, y una parte significativa está vinculada a actividades maliciosas. Además, advirtió de que “el ciberdelito está empezando a mover ya más dinero que el tráfico de drogas” y recordó que actualmente “uno de cada cinco delitos es un ciberdelito” en España.
Cooperación, inteligencia y formación
Ante este escenario, el director general defendió que ninguna organización puede afrontar por sí sola el desafío del cibercrimen. La cooperación entre fuerzas policiales, organismos públicos, empresas tecnológicas y comunidad investigadora apareció como uno de los mensajes centrales de la inauguración.
“Es absolutamente imposible luchar contra el cibercrimen si no es utilizando las tecnologías y si no es sobre la base de la cooperación policial internacional”, aseguró.
Esa necesidad de colaboración también fue subrayada por Vázquez Ara, que recordó que las amenazas digitales no entienden de fronteras y que afectan por igual a infraestructuras críticas, hospitales, sistemas de transporte o administraciones públicas. Por ello, defendió una respuesta coordinada que combine capacidades operativas, formación especializada e intercambio permanente de conocimiento.
La formación fue, de hecho, otro de los grandes ejes de la jornada inaugural. Los organizadores incidieron en la importancia de comprender cómo evolucionan los atacantes para poder anticiparse a sus movimientos y reforzar las capacidades defensivas de ciudadanos, empresas e instituciones.
En este contexto, Pardo destacó la evolución de C1b3rWall Academy, la iniciativa formativa impulsada por la Policía Nacional junto con la Universidad de Salamanca. Desde su puesta en marcha este año, el programa ha superado las 11.000 inscripciones en materias como inteligencia artificial, análisis forense, OSINT (Open Source Intelligence), desinformación o normativa de ciberseguridad.
La tecnología debe estar al servicio de las personas
Más allá de los datos y de las capacidades técnicas, el director general quiso cerrar su intervención con una reflexión sobre el papel que debe desempeñar la tecnología en la sociedad.
En un momento marcado por el avance acelerado de la inteligencia artificial y otras tecnologías emergentes, defendió la necesidad de mantener una visión humanista del progreso tecnológico. “Todos debemos tener claro que este avance tecnológico que se está produciendo a nivel global o está al servicio del ser humano o no nos servirá”, afirmó ante los asistentes.
Pardo advirtió que la innovación debe avanzar acompañada de criterios éticos y sociales que garanticen que el desarrollo tecnológico contribuya al bienestar colectivo. En este sentido, recordó unas recientes reflexiones del Papa León XIV sobre inteligencia artificial para subrayar que el verdadero progreso no depende únicamente de disponer de más medios, sino de utilizarlos para mejorar la vida de las personas.
Con más de 20.000 inscritos, cerca de 300 ponentes internacionales y unas 300 conferencias programadas, C1b3rWall 2026 arranca así con el objetivo de seguir consolidándose como uno de los principales foros europeos de reflexión, formación e intercambio de conocimiento en torno a la ciberseguridad y la lucha contra el cibercrimen.
















