La seguridad de los entornos de tecnología operacional (OT) entra en una nueva fase. Un grupo de agencias internacionales de ciberseguridad, lideradas por el National Cyber Security Centre del Reino Unido, ha publicado una guía conjunta que redefine cómo deben diseñarse, limitarse y gobernarse las conexiones en sistemas industriales cada vez más interconectados.
el perímetro OT sigue siendo una línea de defensa crítica
El documento parte de una realidad: la conectividad, imprescindible para ganar eficiencia y visibilidad operativa, se ha convertido también en uno de los principales factores de riesgo en OT. Tal y como recoge la guía, estos entornos “han estado tradicionalmente centrados en la seguridad física, la disponibilidad y la continuidad operativa, pero hoy están más interconectados que nunca”, un cambio que amplía de forma significativa la superficie de ataque.
Ocho principios para gobernar la conectividad OT
La guía subraya que tecnologías como la monitorización remota, el mantenimiento predictivo o la integración con sistemas corporativos aportan valor, pero introducen riesgos difíciles de ignorar. En un entorno OT, una intrusión no se limita a la pérdida de información, sino que puede derivar en daños físicos, impacto medioambiental o interrupciones de servicios esenciales.
De hecho, el propio documento advierte de que una conectividad OT mal protegida está siendo activamente explotada. Según el texto, la conectividad expuesta e insegura “es un objetivo conocido tanto para actores oportunistas como para atacantes altamente capacitados”, incluidos grupos patrocinados por Estados con interés en infraestructuras críticas.
Lejos de proponer controles cerrados, la guía articula ocho principios que funcionan como estados deseables. El primero de ellos introduce un enfoque poco habitual en OT: cada conexión debe justificarse desde el negocio y documentarse. En palabras del documento, “el primer paso para cualquier conectividad OT debe ser la elaboración de un caso de negocio formal”, que deje claro el objetivo, los beneficios esperados, el riesgo asumido y quién es el responsable último de esa decisión.
Reducir la exposición es otro de los ejes centrales. El texto insiste en que no todas las conexiones deben permanecer activas de forma permanente y recomienda limitar el acceso al tiempo estrictamente necesario, reduciendo así la ventana de oportunidad para un atacante.
Junto a ello, las agencias apuestan por centralizar y estandarizar la conectividad, evitando arquitecturas fragmentadas que han crecido de forma orgánica y difícil de gobernar con el paso del tiempo. El objetivo es facilitar el control, la supervisión y la evolución de las medidas de seguridad a medida que cambia el contexto de amenaza.
Uno de los mensajes más claros del documento es que, pese a la adopción de modelos más avanzados, el perímetro OT sigue siendo una línea de defensa crítica, especialmente en entornos donde conviven sistemas modernos con activos heredados difíciles de actualizar. La guía recomienda reforzarlo con controles actuales, segmentación y mecanismos que limiten el movimiento lateral si un atacante logra acceder.
Visibilidad y capacidad de reacción
La monitorización aparece como la última barrera cuando todo lo anterior falla. Incluso con medidas preventivas sólidas, el documento reconoce que “siempre existe el riesgo de que un sistema acabe siendo comprometido”, por lo que registrar y analizar la conectividad resulta esencial para detectar comportamientos anómalos en entornos donde la actividad suele ser altamente predecible.
Por último, la guía recomienda disponer de planes de aislamiento definidos y probados, capaces de desconectar sistemas externos o accesos de terceros sin comprometer la seguridad física ni la continuidad operativa.
















