La criptografía post-cuántica empieza a dejar de ser un ejercicio teórico para convertirse en un mercado con proyección real. Según un nuevo informe de Juniper Research, este segmento pasará de mover 1.200 millones de dólares en 2026 a superar los 13.000 millones en 2035, con una tasa de crecimiento anual cercana al 30 por ciento.
Detrás de este crecimiento hay dos factores clave. Por un lado, la aceleración de estándares y marcos regulatorios diseñados para preparar a gobiernos y empresas ante la llegada del llamado Q-Day. Por otro, una inversión sostenida en I+D que está llevando los algoritmos post-cuánticos desde el laboratorio a pruebas reales en entornos productivos.
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DE CIFRADO CUÁNTICO
¿Qué es el Q-Day y por qué importa?
El Q-Day hace referencia al momento en el que los ordenadores cuánticos alcancen la capacidad suficiente para romper, en un tiempo razonable, los algoritmos criptográficos que hoy protegen la mayor parte de las comunicaciones digitales, transacciones financieras, identidades y datos sensibles. No implica necesariamente un “apagón” inmediato, pero sí un punto de inflexión: a partir de ahí, la información cifrada con tecnologías actuales podría quedar expuesta, incluso de forma retrospectiva si ha sido almacenada por atacantes a la espera de ese momento.
El informe subraya que, aunque el riesgo está ya en el radar de gobiernos y grandes organizaciones, la concienciación sigue siendo el principal obstáculo. “Muchas empresas todavía subestiman el impacto de los ataques habilitados por computación cuántica, lo que hace imprescindible una labor pedagógica más clara para lograr apoyo interno”, señala Louis Atkin, analista de Juniper Research.
Estándares y colaboración, piezas críticas
Otro de los mensajes clave del estudio es la necesidad de colaboración global. La criptografía es, por definición, un ámbito donde la interoperabilidad resulta crítica: sistemas que operan entre países, sectores y proveedores distintos necesitan apoyarse en algoritmos compatibles. En este contexto, Juniper destaca la adopción generalizada de los algoritmos estandarizados por NIST como base de facto para una criptografía resistente a la computación cuántica, incluso en regiones con menor madurez en este ámbito.
El informe, que analiza más de 54.000 puntos de datos en 61 países a lo largo de una década, apunta a que la carrera hacia la seguridad post-cuántica no será solo tecnológica, sino también estratégica. La pregunta ya no es si llegará el Q-Day, sino si las organizaciones estarán preparadas cuando lo haga.
















