Hace cuatro o cinco años que Palo Alto Networks empezó a trabajar en el concepto de plataforma con un objetivo claro: “la simplificación de las arquitecturas de seguridad”. Nos lo contaba Marc Sarrias, country manager de la compañía en Iberia, durante un encuentro durante la celebración del Ignite On Tour Madrid 2026 hace unas semanas.
Desde entonces, la propuesta ha ido tomando forma a través de distintas plataformas —Strata en red, XSIAM en operaciones o la evolución de SASE con propuestas como Prisma Access Browser— para resolver uno de los grandes problemas de las organizaciones: la fragmentación. En palabras de Sarrias, se trata de “trabajar con productos diseñados para interactuar entre ellos y capaces de ofrecer un beneficio en seguridad y eficiencia que no se podría conseguir aunque se utilizaran soluciones de un mismo fabricante que no hayan sido concebidas como una plataforma”.
“La seguridad es, en el fondo, un problema de datos”
La respuesta de Palo Alto Networks es una plataforma modular y abierta que busca resolver “el problema de fondo que tienes dentro del SOC”, marcado por “la cantidad de personas y tecnologías disjuntas que tienes que integrar”. A partir de ahí, añade otro elemento clave: operar con eficiencia y velocidad en la era de la inteligencia artificial. Para ello, insiste, es imprescindible un sistema capaz de acceder a todos los datos y a todo el contexto, de forma que “la IA se pueda utilizar para mejorar toda la parte de automatización y hacer esto a escala”.
Ese enfoque sitúa la plataforma en el centro de las operaciones de seguridad. “Es realmente el corazón del SOC”, subraya, y es ahí donde la compañía decidió avanzar un paso más, incorporando también la seguridad en cloud dentro de ese mismo modelo. Bajo el concepto de Cortex Cloud, Palo Alto Networks integra la protección del entorno cloud desde su concepción —del build al deploy y al run— hasta su operación en el SOC. El objetivo, explica Marc Sarrias, es evitar una de las principales fricciones que han surgido en los últimos años: la necesidad de gestionar nuevas herramientas en un contexto completamente distinto, donde, además, la escasez de talento es aún más acusada que en los entornos tradicionales.
Más allá del discurso, este enfoque está teniendo reflejo en el negocio. La compañía mantiene un crecimiento sostenido de doble dígito y su negocio de seguridad de nueva generación, basado en modelos de suscripción y plataforma, crece por encima del 30%, con una base de ingresos recurrentes que supera los 6.000 millones de dólares. Un dato que refuerza la idea de que la plataforma responde a una demanda real del mercado.
Cloud, SOC e identidad: integrar lo que nació fragmentado
La seguridad en cloud ha crecido de forma desordenada en muchas organizaciones. “Podemos estar hablando de siete, ocho o diez soluciones distintas, a veces de distintos fabricantes”, apunta Sarrias. La propuesta de Palo Alto Networks pasa por aglutinar esas capacidades y llevarlas al terreno de la operación. Con Prisma Cloud primero y bajo el paraguas de Cortex Cloud después, el objetivo ha sido integrar realmente esa seguridad en el SOC, para que pueda abordar “la totalidad del problema” y no solo fragmentos aislados.
Este movimiento responde también a un cambio de mayor calado. La aceleración de la inteligencia artificial —en muchos casos, todavía sin los controles adecuados— está abriendo una nueva etapa. Sarrias habla de una transición desde una economía asistida por la IA hacia una “economía real de la IA”, en la que modelos avanzados, aplicaciones y agentes empiezan a tener un papel activo en los procesos de negocio.
En ese escenario, el foco se desplaza hacia la identidad. Ya no se trata solo de gestionar usuarios, sino entidades que pueden actuar de forma autónoma sobre sistemas, con capacidad de planificar, ejecutar y tomar decisiones. “Tenemos que repensar cómo gestionamos la seguridad de esas identidades”, explica.
De ahí la importancia de conceptos como el zero standing privilege, donde los permisos se conceden únicamente durante el tiempo necesario para realizar una tarea concreta. El reto, asegura el country manager de palo Alto Networks en Iberia, crece cuando esos agentes se encadenan y colaboran entre sí, generando un ecosistema mucho más difícil de supervisar.
Por cierto, el debate sobre plataforma frente a soluciones especializadas también ha evolucionado. Sarrias rechaza que exista una renuncia al best of breed: “somos best of breed en todo lo que hacemos. Es un best of breed entregado como una plataforma”. La diferencia, sostiene, está en que ese nivel de especialización llegue ya integrado, sin trasladar al cliente la carga de construirlo por su cuenta.
“El navegador se está convirtiendo en el punto clave de interacción y, por tanto, de control”
Del perímetro al dato
Durante años, la seguridad se ha centrado en proteger infraestructuras —redes, perímetros o endpoints—, pero la adopción de cloud, SaaS y, especialmente, de la inteligencia artificial está desplazando ese foco. Hoy, gran parte de la actividad se produce fuera del entorno controlado de la organización, y el dato —cómo se accede, se utiliza y se protege— gana protagonismo. En este contexto, surge una pregunta clave: ¿está pasando la seguridad de proteger infraestructuras a centrarse en el dato?
Marc Sarrias introduce matices. Más que un desplazamiento del foco, habla de una evolución de la propia infraestructura. Las arquitecturas centralizadas, donde el tráfico se concentraba y securizaba en un único punto, han dado paso a modelos distribuidos. “No es eficiente intentar llevar todo el tráfico a un sitio para luego sacarlo fuera”, explica, en un contexto donde la mayor parte de la actividad ya no reside en el data center.
Ese cambio ha obligado a mover la seguridad hacia donde realmente se produce la interacción. Y ahí el navegador empieza a adquirir un papel central, especialmente con el uso de aplicaciones externas y modelos de IA. Esto no implica que la infraestructura pierda relevancia, sino que se transforma.
Al mismo tiempo, el dato gana protagonismo y tecnologías como el DLP se vuelven más necesarias. Tiene claro Marc Sarrias que “en el mundo de la IA, el DLP es más necesario que nunca” porque acciones tan simples como copiar información sensible en un modelo o en un chat pueden convertirse en una vía de exposición.
La diferencia, asegura a continuación, es que ya no se trata de proteger ficheros o contenidos estáticos, sino de controlar cómo se utiliza la información en tiempo real.
¿Dónde se decide la partida?
Este escenario abre otro debate en el mercado. Algunos fabricantes ponen el acento en la prevención, otros en la explotación del dato y la analítica, mientras que hay quienes siguen viendo la red como el principal eje de control. La inteligencia artificial está reconfigurando todas estas capas al mismo tiempo: detección, respuesta, identidad y protección del dato.
Ante esa diversidad de enfoques, Marc Sarrias introduce una idea clara: más que una competencia entre modelos, lo que está ocurriendo es una superposición de capas necesarias. Red, endpoint o cloud no desaparecen, pero dejan de ser el elemento diferencial.
“No hay ningún otro proveedor que cubra red, cloud, SOC e identidad de forma integrada como nosotros”
La diferencia empieza a jugarse en la inteligencia artificial y en el ecosistema que se construye a su alrededor. El reto, asegura el directivo, no es solo proteger sistemas, “es necesario entender ese ecosistema: cómo hablan entre sí, con qué privilegios, si hay exceso de privilegios”.
Ese enfoque obliga a ir más allá de los mecanismos tradicionales. Los guardarraíles, advierte, no son suficientes, “no pueden ser la última línea de defensa, porque te los vas a saltar”. Por eso, “la única forma que tienes es validar lo que entra y la respuesta”, explica, comprobando que modelos, aplicaciones y agentes se ajustan a su comportamiento esperado y no derivan en usos indebidos.
El reto se complica por la propia naturaleza de estos sistemas: “aprenden, no son predictivos”. En este escenario, Zero Trust gana peso. Según Sarrias, es un principio ampliamente asumido, pero difícil de aplicar en entornos fragmentados. “Cuantas más piezas tengas, más complejo es articular una política de Zero Trust”. De ahí la necesidad de avanzar hacia modelos unificados. “Tener un entorno unificado es esencial”, concluye.
Navegador: el nuevo punto de control
Volvemos al navegador porque, en esa misma evolución, emerge como uno de los puntos clave de control. No tanto como sustituto del endpoint, sino como el lugar donde hoy se concentra gran parte de la actividad: acceso a aplicaciones, interacción con servicios cloud y uso de modelos de inteligencia artificial.
Sarrias lo plantea de forma directa: “llevar la seguridad al navegador es imperativo y fundamental”. A partir de ahí, anticipa un escenario en el que convivirán distintas aproximaciones: navegadores tradicionales con capacidades de IA y nuevas propuestas más especializadas para entornos corporativos.
La propia compañía ya trabaja en esa línea. “Tenemos un navegador empresarial”, explica, en referencia a un enterprise browser basado en Chromium, que mantiene la experiencia de usuario habitual, pero incorpora controles de seguridad nativos. La clave no está solo en el navegador, sino en su integración con el resto del ecosistema, ya que “se beneficia de todos los servicios de seguridad que entregamos desde la nube, el SASE o los firewalls”.
Este enfoque abre una vía interesante en organizaciones con menos capacidad técnica. En entornos donde el puesto de trabajo se basa casi exclusivamente en aplicaciones online, el navegador puede convertirse en el principal —y a veces único— punto de control, reduciendo la necesidad de desplegar infraestructura adicional o contar con equipos especializados.
Más allá de la tecnología, Marc Sarrias enmarca este movimiento en una estrategia más amplia: trasladar capacidades tradicionalmente reservadas a grandes corporaciones hacia organizaciones medianas y pequeñas. “Estamos haciendo un esfuerzo consciente por llevar esa experiencia al resto del mercado”, señala.
Cliente: la transformación es un viaje
Cuando la conversación aterriza en el cliente, Sarrias insiste en una idea que atraviesa toda la estrategia: la transformación no es un salto, sino “un viaje”, resume. Lo primero es entender el punto de partida de cada organización y definir hacia dónde quiere ir, combinando lo que ya existe con un estado futuro más eficiente.
Ese planteamiento distingue entre organizaciones que nacen directamente en entornos digitales y de inteligencia artificial, donde es posible desplegar desde el inicio una arquitectura adaptada al contexto actual, y la mayoría del mercado, que afronta un proceso progresivo de transformación. “Tenemos que encontrarnos con el cliente donde está”, explica.
IA y quantum: los riesgos que vienen
Cuando se proyecta la conversación a medio plazo, aparecen dos vectores de riesgo. Por un lado, la computación cuántica, que empieza a dejar de ser una amenaza lejana. Según Marc Sarrias, el horizonte se ha acortado y ya se habla de “quantum readiness para 2030 y, como máximo, 2035”.
“La plataforma no implica renunciar al best of breed, lo integra”
El motivo es tan sencillo como crítico: los sistemas actuales de cifrado, sobre los que se apoyan comunicaciones, datos e identidades, podrían dejar de ser seguros de forma abrupta. “Todas las cerraduras que tienes hoy se pueden abrir de golpe”, advierte. De ahí que el reto no sea solo tecnológico, sino también operativo: identificar el estado real de la seguridad criptográfica, priorizar sistemas y gestionar una transición que afectará a prácticamente toda la infraestructura.
El problema se complica en entornos donde no todos los sistemas podrán evolucionar al mismo ritmo. En ámbitos como IoT o determinados entornos legacy, habrá dispositivos que no soporten cifrados post-cuánticos, lo que obligará a introducir mecanismos intermedios que permitan adaptar las comunicaciones sin comprometer el conjunto.
Sin embargo, más allá del quantum, Sarrias sitúa su principal preocupación en otro frente más inmediato: la velocidad a la que se está adoptando la inteligencia artificial. En su opinión, “la mayor preocupación es que esa rapidez, sin los controles necesarios, nos acabe poniendo en un nivel de exposición y riesgo muy alto”. Un riesgo que no afecta solo a las organizaciones, sino al conjunto de la sociedad digital, y que refuerza la idea de que la seguridad no puede seguir el ritmo de la innovación: tiene que anticiparse a él.
















