La computación cuántica vuelve a situarse en el centro del debate sobre ciberseguridad, esta vez con implicaciones directas para el ecosistema de las criptomonedas. En un blog firmado por Ryan Babbush y Hartmut Neven, de Google Quantum AI, la compañía advierte de que los avances en algoritmos cuánticos podrían reducir significativamente las barreras técnicas necesarias para romper los sistemas criptográficos actuales.
El aviso no es nuevo, pero sí cambia la escala. Como explican los autores, “los futuros ordenadores cuánticos pueden romper la criptografía de curva elíptica […] con menos qubits y puertas de los que se pensaba”, lo que acerca ese escenario en el tiempo.
Menos barreras técnicas, más urgencia estratégica
El análisis se centra en el problema ECDLP-256. A partir de nuevas optimizaciones del algoritmo de Shor, los investigadores estiman que podría resolverse con menos de 1.500 qubits lógicos y en cuestión de minutos bajo ciertas condiciones.
Aunque este tipo de sistemas aún no existe, el dato es relevante: reduce de forma notable los requisitos previos y refuerza la necesidad de avanzar hacia criptografía post-cuántica. En este sentido, desde Google subrayan que “la criptografía post-cuántica representa un camino bien entendido” para garantizar la seguridad futura, aunque su adopción requerirá tiempo.
Por ello, recomiendan empezar ya la transición y aplicar medidas intermedias, como evitar la reutilización de direcciones o reforzar la gestión de claves.
Divulgación responsable en un entorno sensible
Más allá del aspecto técnico, el blog introduce un elemento clave: cómo comunicar este tipo de vulnerabilidades. Google propone un modelo basado en pruebas de conocimiento cero que permite validar los resultados sin exponer detalles explotables. El objetivo, explican, es “concienciar sobre este problema […] proporcionando recomendaciones para mejorar la seguridad antes de que sea posible”.
El debate es especialmente delicado en el ámbito de las criptomonedas, donde la seguridad técnica convive con la confianza del mercado. Los propios autores advierten del riesgo de alimentar el FUD si no se contextualiza adecuadamente la información.
Aunque el horizonte de transición se sitúa en torno a 2029, el mensaje es claro: la resiliencia frente a la amenaza cuántica depende de decisiones que deben empezar a tomarse hoy.















