La figura del hacker ético está cambiando al mismo ritmo que el propio escenario de amenazas. Según recoge el informe Inside the Mind of a Hacker 2026, elaborado por Bugcrowd, ya no se trata únicamente de talento individual, sino de una combinación cada vez más estrecha entre inteligencia humana, trabajo colaborativo y uso intensivo de inteligencia artificial.
El estudio sitúa al sector en lo que Bugcrowd denomina la era de la “human-augmented intelligence”, un modelo en el que la creatividad y el criterio humano se ven amplificados por la escala y la velocidad que aporta la IA. “Estamos entrando en un punto de inflexión en el que la ingeniosidad humana y el poder de la IA convergen para reforzarse mutuamente”, explica David Gerry, CEO de Bugcrowd, en la introducción del informe.
El perfil que dibuja el informe es el de una comunidad joven y altamente cualificada: el 92% de los hackers tiene 34 años o menos, el 79% habla dos o más idiomas y el 81% de los hackers a tiempo parcial trabaja en ámbitos relacionados con la seguridad. Además, uno de cada cinco se identifica como neurodivergente, una característica que el informe asocia con habilidades clave como el reconocimiento de patrones y el pensamiento sistémico.
Junto al perfil, destacan dos tendencias que marcan la evolución del hacking ético. Por un lado, el trabajo en equipo: el 72% de los encuestados considera que hackear en grupo ofrece mejores resultados, y el 61% afirma haber encontrado vulnerabilidades más críticas cuando trabaja con otros investigadores. Por otro, la adopción generalizada de IA: el 82% ya utiliza inteligencia artificial en su flujo de trabajo y el 74% cree que la IA ha incrementado el valor del hacking para las organizaciones.
La IA como acelerador del talento humano
Lejos de sustituir al hacker, la IA actúa como un multiplicador de capacidades. Según el informe, se utiliza principalmente para automatizar tareas repetitivas, analizar grandes volúmenes de datos, acelerar el aprendizaje y mejorar la calidad de los informes de vulnerabilidades, permitiendo que los investigadores dediquen más tiempo a las fases creativas y complejas.
“La IA no hace más que amplificar tus propias capacidades: lo que aportas es exactamente lo que obtienes”, resume uno de los hackers citados en el estudio, que describe la inteligencia artificial como un apoyo constante para reducir el ruido, priorizar los hallazgos y centrar el esfuerzo en los problemas realmente relevantes.
Evolución de las motivaciones
El informe también muestra cómo están evolucionando las motivaciones del hacker. Aunque el 74% reconoce el incentivo económico como uno de los principales motores, la mayoría combina este factor con aprendizaje, oportunidades profesionales y contribución al bien común. De hecho, el 95% considera que el hacking es una forma de arte y el 85% cree que reportar una vulnerabilidad crítica es más importante que ganar dinero con ella.
Al mismo tiempo, el 56% de los encuestados percibe que el hacking está cada vez más influido por la geopolítica, una tendencia que refuerza la necesidad de programas de divulgación responsable y de una relación más madura entre empresas y comunidad hacker.
Implicaciones para las organizaciones
Para las empresas, el mensaje es claro: los atacantes trabajan en equipo, utilizan IA y operan a gran escala, por lo que los modelos defensivos deben evolucionar en la misma dirección. Programas de bug bounty bien diseñados, políticas de safe harbor y una colaboración continuada con investigadores externos se consolidan como piezas clave para mejorar la resiliencia.
Como resume otro de los expertos citados en el informe, “la seguridad es una carrera en la que la meta no deja de moverse; la única forma de mantenerse por delante es correr más rápido que el resto”, un reto en el que la inteligencia aumentada se perfila como uno de los principales aliados.















