La inteligencia artificial avanza a gran velocidad, pero su impacto real está lejos de ser lineal. Así lo advierte el World Economic Forum (WEF), que identifica una serie de paradojas emergentes que marcarán la evolución de la IA en 2026. Más allá del entusiasmo tecnológico, el Foro subraya que muchas de estas contradicciones tienen implicaciones directas en ámbitos como la seguridad, la confianza digital y la gestión del riesgo, situando a la ciberseguridad en el centro del debate.
Una de las primeras paradojas tiene que ver con el empleo y el factor humano, un elemento clave también desde el punto de vista de la seguridad. Aunque el WEF prevé una creación neta de puestos de trabajo ligada a la IA, reconoce que la automatización acelerada está reduciendo determinados perfiles y transformando otros. Este proceso, señala el organismo, incrementa la dependencia de sistemas automatizados y agentes de IA, lo que introduce nuevos riesgos operativos. A mayor automatización, mayor necesidad de supervisión humana, control de accesos y validación de decisiones, especialmente en entornos críticos.
La productividad es otro ámbito donde la paradoja se hace evidente. Aunque la IA promete eficiencia, los primeros despliegues están generando, en muchos casos, más complejidad. Según los análisis citados por el WEF, la introducción de IA suele exigir rediseñar procesos, invertir en datos y reforzar los mecanismos de control. Desde una perspectiva de ciberseguridad, esto se traduce en nuevas superficies de ataque, mayor dependencia de la calidad del dato y un aumento del riesgo asociado a decisiones automatizadas que no siempre son transparentes o explicables.
Uno de los puntos donde el Foro pone mayor énfasis es el deterioro del ecosistema informativo. La proliferación de contenidos generados por IA —incluidos deepfakes cada vez más sofisticados— está erosionando la confianza digital. El WEF sitúa la desinformación y la manipulación de contenidos entre los principales riesgos globales, alertando de que distinguir entre información auténtica y contenido sintético será cada vez más difícil. En este contexto, la seguridad de la información, la verificación de identidades y los mecanismos de autenticidad se convierten en elementos críticos para empresas, medios y administraciones públicas.
Dependencia tecnológica
La relación entre IA y generaciones jóvenes también plantea retos desde el punto de vista de la seguridad. El uso intensivo de herramientas de IA convive con una creciente preocupación por la pérdida de pensamiento crítico y la dependencia tecnológica. El Foro advierte de que esta combinación puede generar usuarios menos preparados para detectar fraudes, manipulaciones o ataques de ingeniería social avanzados, justo en un momento en el que los atacantes están incorporando IA para escalar sus campañas.
La última gran paradoja señalada por el WEF afecta a la infraestructura que sostiene la IA. El crecimiento exponencial de los centros de datos está disparando el consumo energético y aumentando la criticidad de estas infraestructuras. Al mismo tiempo, la IA se perfila como una herramienta clave para optimizar redes energéticas y mejorar su resiliencia. Desde el punto de vista de la ciberseguridad, este doble papel refuerza la necesidad de proteger infraestructuras críticas cada vez más digitalizadas, interconectadas y dependientes de sistemas inteligentes.
Para el World Economic Forum, estas paradojas evidencian que el despliegue de la inteligencia artificial no es solo un reto tecnológico, sino también un desafío de gobernanza, seguridad y confianza. En un escenario marcado por la automatización, la desinformación y la dependencia de sistemas complejos, la ciberseguridad deja de ser un elemento accesorio para convertirse en una condición imprescindible del progreso digital.
















