En un contexto marcado por la soberanía digital, la presión regulatoria y el auge de la inteligencia artificial, la videoconferencia ha dejado de ser una herramienta de comunicación para convertirse en una infraestructura clave dentro de las organizaciones. Especialmente en entornos donde se manejan datos sensibles, el foco ya no está solo en conectarse, sino en mantener el control.
Como explica Magdalena Almagro, Account Manager de Pexip para Iberia y Latinoamérica, el cambio es claro: “hace unos años la videoconferencia no formaba parte del día a día, pero ahora toda la operativa de una organización pasa por este tipo de reuniones”, lo que obliga a “intensificar el control de los datos y la soberanía”.
Uno de los cambios más relevantes en el mercado es que la discusión ha dejado de centrarse en el modelo de despliegue para poner el foco en el control del dato. En opinión de la directiva, “ya no es cloud sí o cloud no, es quién tiene la soberanía del dato”. Es decir, independientemente de dónde se alojen las reuniones, lo crítico es garantizar que la organización mantiene el control sobre toda la información que se genera.
Esta tendencia explica el crecimiento de modelos más personalizados y seguros, donde la videocolaboración se integra directamente en el ecosistema de cada organización.
Más allá del audio y el vídeo
Explica Magdalena Almagro que “controlar una videoconferencia no es solo proteger el audio y el vídeo, sino también las transcripciones, los logs o la huella digital que deja cada sesión”. De hecho, estos datos pueden ser incluso más valiosos que la propia conversación para un atacante.
Este cambio de enfoque obliga a replantear la seguridad de la videocolaboración como un problema de gestión del dato, no solo de protección de la comunicación.
En un entorno donde conviven múltiples plataformas, la interoperabilidad sigue siendo un factor clave… pero no siempre real. Y es aquí donde Pexip basa gran parte de su propuesta: “Nuestra razón de ser es la interoperabilidad”, señala Almagro, explicando cómo la compañía permite conectar sistemas que, de otro modo, funcionarían como “islas” .
A través de tecnologías como el transcoding, Pexip actúa como capa de traducción entre plataformas, permitiendo que distintos entornos se comuniquen sin necesidad de estandarizar infraestructuras.
IA: más valor, más riesgo
La incorporación de inteligencia artificial añade una nueva capa de complejidad. Funcionalidades como las transcripciones automáticas aportan eficiencia, pero también generan nuevos riesgos. Al respecto advierte Almudena Almagro que “hay más propiedad intelectual en esas transcripciones que en muchos documentos corporativos”, y que sin un control adecuado, esta información puede quedar expuesta fuera del entorno de la organización. De ahí la apuesta por modelos de IA privada, capaces de mantener el control sobre los datos generados.
Para las organizaciones que quieren evaluar su nivel de madurez, el punto de partida es claro: “Lo primero es saber dónde están los datos que generamos en una videoconferencia; si no lo sabemos, tenemos un problema”, señala la responsable de cuentas de Pexip. A partir de ahí, añade dos elementos clave: la capacidad de auditar todo lo que ocurre —“quién, dónde, cuándo y cómo se ha conectado”— y la resiliencia de la solución.















