A medida que nos hemos ido adentrando en un mundo que prioriza la nube, la soberanía de datos ha pasado de ser una preocupación de cumplimiento minoritaria a convertirse en una prioridad estratégica para las empresas modernas. Tras cobrar protagonismo por primera vez con el RGPD (Reglamento General de Protección de Datos), la creciente incertidumbre geopolítica y la aplicación de nuevas regulaciones la han consolidado como un pilar, no solo de la resiliencia operativa, sino también de la confianza digital.
Sin embargo, a pesar de su importancia en los ecosistemas globales de la nube, aún existe una gran confusión sobre qué es la soberanía de datos, cómo se diferencia de conceptos como la resiliencia y su compleja relación con la seguridad. Muchas organizaciones la ven como algo binario, se tiene o no se tiene, cuando en realidad se trata de un espectro. Las organizaciones necesitan comprender su posición en él para tener éxito, no solo en los entornos de nube, sino también en el desarrollo seguro de la IA.
Realidad contra ficción
Los conceptos erróneos más comunes derivan de la confusión con la residencia de los datos. Sin embargo, mientras que esta residencia se refiere a la ubicación física de los datos digitales, la soberanía abarca un ámbito mucho más amplio. Establece las leyes a las que están sujetos los datos, desde el lugar en el que se almacenan hasta dónde se recopilan y procesan, lo que requiere un proceso de gestión más complejo. También se suele usar indistintamente con el término seguridad, a pesar de ser una consideración completamente independiente. El control total sobre los datos de la organización, tal y como exige la soberanía, puede mejorar la seguridad, pero no la garantiza, y viceversa.
Muchos también asumen que la soberanía exige un almacenamiento físico local. Algunas organizaciones incluso invierten grandes cantidades para garantizar que los datos se almacenen en un país específico, a pesar de que las leyes de soberanía suelen permitir el almacenamiento en múltiples jurisdicciones de la UE. No se trata simplemente de encontrar el producto adecuado; es una cuestión estratégica que requiere una comprensión clara de los límites legales. Una mala interpretación conlleva riesgos, no solo de incumplimiento, sino que también puede provocar el desaprovechamiento de recursos y una restricción innecesaria del acceso a los datos.
La soberanía de los datos ya ha pasado de ser una “casilla de verificación” a una preocupación estratégica clave
Por qué es importante ahora
Para comprender por qué la soberanía se ha convertido en una consideración estratégica tan prominente, es importante examinar sus orígenes. La regulación ha sido el principal impulsor, comenzando con el RGPD de 2018, que exigió que los datos personales de los ciudadanos de la UE permanecieran bajo la protección legal de la Unión, independientemente de su lugar de almacenamiento. Desde entonces, la UE ha avanzado en su Estrategia Europea de Soberanía de Datos, con la próxima Ley de Datos de la UE y la Ley de IA de la UE, que introducen nuevas estipulaciones, en particular para los flujos de datos utilizados en la IA.
Y este impulso no solo proviene de organismos gubernamentales. Las propias organizaciones también están impulsando la soberanía ante la creciente preocupación por la propiedad intelectual y la incertidumbre en torno a los flujos de datos de IA. La preocupación generalizada por la ciberseguridad y la seguridad de la cadena de suministro también ha contribuido a ello, priorizando aún más la soberanía de los datos.
Sin embargo, es importante aclarar que, si bien la seguridad de los datos se centra en medidas técnicas como el encriptado y la resiliencia, que pueden solaparse con la soberanía, sigue siendo una preocupación estratégica independiente. Pese a ello, ambas se superponenen ciertas áreas. Por ejemplo, la resiliencia depende de las copias de seguridad y la recuperación, que a su vez dependen de la portabilidad de los datos (la capacidad de trasladarlos a ubicaciones alternativas si es necesario). La soberanía también depende de la portabilidad, lo que obliga a las organizaciones a trasladar los datos si los cambios geopolíticos o legales afectaran al cumplimiento normativo. Ambas preocupaciones pueden ser independientes, pero se han interconectado a medida que el acceso a los datos se ha vuelto esencial para la continuidad del negocio.
Encontrando el equilibrio adecuado
Teniendo en cuenta todo esto, queda claro que la soberanía de datos es un espectro complejo, no una solución estándar para todos. Las organizaciones deben evaluar su perfil de riesgo y sus obligaciones regulatorias para elegir el enfoque adecuado que se ajuste a sus necesidades comerciales específicas.
Por ejemplo, las soluciones soberanas locales ofrecen a las organizaciones el máximo control sobre la ubicación y la soberanía de los datos. Pero esto puede conllevar el sacrificio de una portabilidad y flexibilidad que a menudo son excesivamente limitadas. En la parte opuesta del espectro, las soluciones soberanas en la nube proporcionan cumplimiento normativo dentro de entornos de computación en la nube gestionados por un proveedor. Sin embargo, estas soluciones pueden hacer que las organizaciones dependan de sus proveedores para mantener las restricciones geográficas. Para quienes se encuentran en un punto intermedio entre ambos, los modelos SaaS híbridos ofrecen una solución intermedia, ya que combinan la descarga de la gestión a través de entornos en la nube, mientras que permiten a las organizaciones mantener un mayor nivel de control, ya que muchos de estos modelos ofrecen un control específico para cada región.
El compromiso continuo
En definitiva, elegir una solución es solo el principio. Las normativas evolucionan constantemente, por lo que las organizaciones deben monitorizar los cambios y auditar a los proveedores periódicamente para garantizar el cumplimiento y la continuidad. La soberanía de los datos ya ha pasado de ser una “casilla de verificación” a una preocupación estratégica clave, vital para generar confianza, resiliencia e innovación. En un mundo dominado por la nube y la IA, comprender y dominar este espectro ya no es opcional: es fundamental.
Por Tim Pfaelzer, vicepresidente senior y director general de EMEA en Veeam
















