La inteligencia artificial está multiplicando el valor de los datos, pero también la dificultad para protegerlos. Para Jorge Chamizo, New Models Pre-Sales de Symantec & Carbon Black, muchas organizaciones siguen abordando la seguridad desde una perspectiva demasiado limitada. “Los clientes se centran en el canal del endpoint”, asegura, cuando el verdadero reto consiste en controlar todos los canales por los que circula la información.
Ese cambio de enfoque resulta especialmente necesario en plena expansión de la IA. Chamizo no considera que la inteligencia artificial generativa represente una amenaza por sí misma, sino por el uso que se hace de ella dentro de las organizaciones. El mayor riesgo, explica, está en el denominado Shadow AI: herramientas que los empleados incorporan a su trabajo sin supervisión. Son aplicaciones sobre las que, advierte, “no hemos creado una política de riesgo” ni existe “ningún tipo de control”, lo que dificulta conocer qué información se comparte y cómo se utiliza.
La llegada de la IA agéntica añade un nuevo nivel de complejidad. A diferencia de los asistentes actuales, estos agentes podrán interactuar directamente con bases de datos, APIs o repositorios de código. Ahí reside, a su juicio, uno de los mayores desafíos de los próximos años, ya que “uno de los puntos más graves e importantes es precisamente la introducción y la modificación de datos” que estos sistemas podrán realizar de forma autónoma.
Analizar el dato allí donde reside
Compatibilizar el potencial de la IA con el gobierno del dato exige cambiar la forma de procesar la información. Jorge Chamizo propone acercar el análisis al lugar donde residen los datos, en lugar de trasladar la información sensible a plataformas externas. “Uno de los enfoques que se puede tomar es realizar el análisis del dato donde reside”, asegura el directivo señalando que, de esta manera las organizaciones pueden demostrar que mantienen el control sobre la información y responder con mayores garantías a requisitos regulatorios como DORA.
Ese mismo principio debería aplicarse también a las estrategias de prevención de pérdida de datos (DLP). Aunque se trata de una tecnología consolidada, el portavoz de Symantec considera que muchas implantaciones siguen fallando por errores de planteamiento. El primero es intentar proteger todos los canales al mismo tiempo sin conocer realmente el riesgo asociado a cada uno. Después aparecen otros problemas, como “dejar las políticas estáticas” mientras evolucionan la organización y sus procesos de negocio o no adaptar esas políticas a los nuevos escenarios que introduce la inteligencia artificial.
La propia tecnología tampoco deja de evolucionar. Chamizo recuerda que fabricantes como Symantec ya trabajan en mecanismos de cifrado poscuántico para proteger las comunicaciones frente a futuras capacidades de descifrado. Al mismo tiempo, anticipa un escenario en el que las empresas convivirán con numerosos agentes inteligentes funcionando de manera simultánea. En ese contexto, considera imprescindible disponer de plataformas capaces de gestionarlos bajo “una misma política homogénea” que permita mantener el control sin incrementar la complejidad operativa.
Llevar el contexto de seguridad hasta el dato
Más allá del endpoint, el responsable de Symantec cree que el futuro pasa por proteger el dato con independencia del lugar donde se encuentre. Ya no basta con conocer qué dispositivos están protegidos; es necesario saber quién accede a la información, si está cifrada, si existen accesos de terceros o si determinados repositorios permanecen expuestos.
En este contexto sitúa el papel de tecnologías como DSPM (Data Security Posture Management), que permiten conocer “el grado de exposición de los datos” y aportar el contexto necesario para aplicar las políticas de seguridad allí donde haga falta. El objetivo, resume, es “llevar el contexto de seguridad donde esté el dato”, ya se encuentre en la nube, en un entorno on-premise o circulando a través de aplicaciones de mensajería y colaboración.
Mirando al futuro, Chamizo está convencido de que la automatización seguirá creciendo de la mano de la IA agéntica. Los orquestadores de asistentes inteligentes permitirán simplificar procesos y aumentar la productividad, pero también obligarán a las organizaciones a definir con precisión hasta dónde quieren delegar decisiones en estos sistemas. Al final, concluye, se trata de un balance “entre cuánto riesgo quiero asumir y cuánto de automatizada quiero tener mi organización”.















