En una entrevista realizada con motivo del especial «Ciberresiliencia en la era de la IA», elaborado por Ciberseguridad TIC con la participación de fabricantes y responsables de Ciberseguridad y TI de organizaciones usuarias, Álvaro Fernández, director de ventas de Sophos Iberia, analiza cómo la velocidad de los ataques, la escasez de especialistas y la fragmentación de las herramientas están obligando a las organizaciones a evolucionar hacia modelos de defensa más integrados, automatizados y apoyados en inteligencia artificial.
Para Álvaro Fernández, una organización verdaderamente ciberresiliente no es aquella que aspira a bloquear todos los ataques, sino la que está preparada para resistirlos, responder con rapidez y minimizar su impacto sobre el negocio. Durante años, explica, la ciberseguridad se ha entendido como una suma de productos independientes —protección del puesto de trabajo, firewall, correo electrónico, identidad o nube—, pero el escenario actual exige un planteamiento diferente. “La resiliencia hoy depende de que todas esas capacidades funcionen como un sistema, no como piezas aisladas”, asegura. La ciberresiliencia ha dejado de ser una cuestión puramente técnica para convertirse en una capacidad operativa que combina tecnología, procesos, inteligencia de amenazas, automatización y experiencia humana.
“La IA debe multiplicar al experto, no sustituir su criterio”
La fragmentación de las herramientas debilita la capacidad de respuesta
En su opinión, el principal obstáculo ya no es la falta de herramientas. De hecho, muchas organizaciones cuentan con más soluciones de seguridad que nunca. El verdadero problema aparece cuando esas tecnologías funcionan de forma independiente, generan miles de alertas inconexas y obligan a los equipos a reconstruir manualmente el contexto de cada incidente. “La gran brecha está entre tener la tecnología y conseguir que esa tecnología funcione como un sistema”, resume. A ello se suman la falta de tiempo, la escasez de profesionales especializados y la dificultad para mantener una vigilancia permanente, factores que Sophos identifica como la «línea de pobreza de la ciberseguridad”: el punto en el que una organización ya no dispone de los recursos necesarios para defenderse con garantías frente a un panorama de amenazas que evoluciona a velocidad máquina.
Ese escenario se agrava a medida que los atacantes reducen los tiempos necesarios para comprometer una organización. Mientras los ciberdelincuentes automatizan sus operaciones y utilizan inteligencia artificial para acelerar sus campañas, muchos equipos de seguridad siguen respondiendo manualmente, revisando alertas dispersas entre diferentes consolas e intentando reconstruir lo sucedido cuando el ataque ya está en marcha. Fernández considera que esa asimetría solo puede corregirse mediante una mayor integración entre tecnologías, automatización de tareas repetitivas y una mejor contextualización de la información. En su opinión, “no se trata de sustituir al analista, sino de darle un punto de partida mucho mejor”.
La consolidación de capacidades también está transformando la forma en que las organizaciones abordan la ciberresiliencia. Según Fernández, cada vez son menos las empresas que pueden permitirse construir y mantener un SOC propio con cobertura permanente. En su lugar, el mercado evoluciona hacia modelos donde las capacidades avanzadas de detección y respuesta se consumen como un servicio, apoyándose en tecnología, procesos y expertos externos. En este contexto, el MDR deja de ser únicamente un servicio de monitorización para convertirse en una capacidad operativa que combina inteligencia, automatización y criterio humano. “Los clientes no compran solo una herramienta; compran confianza. Quieren saber que, si ocurre algo a las tres de la mañana, habrá alguien capaz de detectarlo, entenderlo y contenerlo”, señala.
“Los clientes no compran solo una herramienta; compran confianza”
IA, automatización y MDR para construir un sistema de defensa conectado
Esta visión también se refleja en la evolución de la propuesta de Sophos con Sophos Fusion, una arquitectura abierta y nativa de inteligencia artificial que busca unificar la telemetría procedente de diferentes productos y transformar múltiples señales aisladas en una respuesta coordinada. El objetivo no es añadir otra consola de gestión, sino crear un contexto común que permita correlacionar eventos, automatizar actuaciones y acelerar la toma de decisiones. “No tener más herramientas, sino conseguir que la defensa actúe de forma conectada, inteligente y continua”, resume.
En ese modelo, la inteligencia artificial desempeña un papel protagonista, aunque Fernández insiste en que debe entenderse como una herramienta al servicio de las personas. “La IA debe multiplicar al experto, no sustituir su criterio”, afirma. La automatización permite correlacionar eventos, enriquecer el contexto, realizar investigaciones iniciales y ejecutar determinadas respuestas, pero las decisiones críticas siguen dependiendo del juicio de los analistas. “La IA aporta escala y velocidad, pero las personas aportan la experiencia, el criterio y la responsabilidad”, explica. Solo cuando ambas trabajan conjuntamente dentro de una arquitectura común es posible mejorar de forma estructural la capacidad de respuesta.
De cara a los próximos años, considera Álvaro Fernández que la capacidad de detección y respuesta seguirá marcando la diferencia entre las organizaciones más resilientes y las más vulnerables. La prevención continuará siendo necesaria, pero resultará insuficiente frente a amenazas cada vez más rápidas, automatizadas y apoyadas en inteligencia artificial. Asegura que “la diferencia estará en detectar antes, entender mejor y responder con más coordinación”, y que para lograrlo, las organizaciones deberán abandonar los silos tecnológicos y evolucionar hacia modelos donde la tecnología, la inteligencia artificial y la inteligencia de amenazas funcionen como un único sistema de defensa.















