La transformación digital ha ampliado las posibilidades de las empresas para innovar, automatizar procesos y mejorar su competitividad, pero también ha incrementado la complejidad de proteger unos entornos cada vez más distribuidos. Teletrabajo, inteligencia artificial, APIs o infraestructuras industriales conectadas han ampliado la superficie de ataque y obligan a replantear la estrategia de seguridad. Para Javier Sanz, Pre Sales Manager de Kaspersky, el verdadero reto consiste en que la protección evolucione al mismo ritmo que la tecnología.
En su opinión, muchas organizaciones están acelerando su transformación, aunque no siempre acompañan ese proceso con el mismo nivel de madurez en ciberseguridad. Explica que “en muchos casos se pretende avanzar de una manera tecnológica muy rápida, pero ciertas organizaciones se olvidan de que la seguridad tiene que ir de la mano de ese avance tecnológico”, al tiempo que reconoce que cada vez son más las empresas que incorporan la protección desde el diseño de sus proyectos y entienden que innovación y seguridad deben evolucionar conjuntamente.
Javier Sanz considera que el ransomware continúa siendo la principal amenaza para las organizaciones, aunque cree que pronto podría verse eclipsado por la inteligencia artificial. No porque esté creando amenazas completamente nuevas, sino porque está acelerando enormemente las existentes. “En el lado del mal todo va mucho más deprisa. Ya no dependes tanto del factor humano para desarrollar o mejorar ciertos ataques”, afirma. Esa capacidad para automatizar tareas y reducir los tiempos de preparación obliga a los equipos de seguridad a adaptarse a un ritmo mucho más elevado que hace apenas unos años.
La ciberresiliencia ya no es una opción
Si algo ha cambiado en los últimos años es la forma en que las organizaciones afrontan los incidentes de seguridad. El objetivo ya no consiste únicamente en impedir cualquier ataque, sino en estar preparadas para minimizar su impacto y recuperar la actividad cuanto antes.
Para Sanz, la generalización del concepto de ciberresiliencia refleja precisamente ese cambio de mentalidad. “Hace unos años no usábamos esta palabra y ahora está en el día a día de nuestro trabajo”, comenta, añadiendo que considera prioritario preparar la recuperación antes incluso de que el ataque se produzca: “Todas las organizaciones con un cierto nivel de madurez saben que van a ser víctimas de un ataque. Tener la capacidad de afrontarlo y tardar lo menos posible en volver a tener todo en producción es algo que se tienen que plantear de una manera muy seria”.
Esa filosofía conecta directamente con uno de los conceptos que Kaspersky lleva años impulsando: la ciberinmunidad. Frente a una estrategia centrada exclusivamente en detectar y responder, la compañía propone diseñar sistemas cuya propia arquitectura limite las posibilidades de éxito de un atacante.
“No vamos a decir que existan sistemas intocables porque la seguridad al cien por cien no existe”, matiza el directivo, añadiendo que el objetivo pasa por reducir la superficie de ataque mediante una correcta definición de permisos, el aislamiento de servicios o la segmentación de los entornos para que, si se produce un incidente, su alcance quede limitado desde el primer momento.
La seguridad también genera confianza
La evolución de las amenazas también está cambiando la forma en que las empresas valoran a sus proveedores. Para Kaspersky, la ciberseguridad ha dejado de ser un elemento puramente técnico para convertirse en un criterio de negocio y de confianza.
Cada vez es más habitual que las organizaciones pregunten cómo protege un proveedor sus servicios antes de contratarlo. Además, recuerda, el riesgo ya no depende únicamente de la seguridad propia: la cadena de suministro se ha convertido en uno de los principales vectores de entrada y obliga a exigir el mismo nivel de protección a todo el ecosistema de colaboradores.
De cara a los próximos años, el responsable de Kaspersky está convencido de que la inteligencia artificial marcará la evolución del sector, tanto desde el punto de vista ofensivo como defensivo. La clave, explica, no estará únicamente en adoptar estas herramientas, sino en aprender a utilizarlas de forma responsable dentro de las organizaciones.















