En una entrevista realizada con motivo del especial «Ciberresiliencia en la era de la IA», elaborado por Ciberseguridad TIC con la participación de fabricantes y responsables de Ciberseguridad y TI de organizaciones usuarias, Josep Albors, responsable de Investigación y Concienciación de ESET, analiza cómo está evolucionando el panorama de amenazas y por qué la inteligencia de amenazas se ha convertido en un elemento esencial para ayudar a las organizaciones a anticiparse a los ataques y reforzar su capacidad de adaptación.
Aunque la inteligencia artificial ha acelerado la evolución del panorama de amenazas, para Josep Albors, responsable de Investigación y Concienciación de ESET, los principios de la ciberresiliencia siguen siendo los mismos: “Una empresa ciberresiliente es esa empresa que sabe a lo que se enfrenta”. A partir de ese conocimiento las organizaciones deben construir una estrategia sólida que les permita adaptarse a la evolución de los ciberdelincuentes sin olvidar los fundamentos de la seguridad, explica, añadiendo que “sin unas bases bien asentadas, por mucha tecnología o muchas herramientas que incorporemos, no va a ser efectivo”.
“Hay que saber a qué nos enfrentamos para poder preparar nuestras defensas”
La IA amplifica las amenazas, pero no cambia sus fundamentos
En su opinión, uno de los errores más habituales consiste en atribuir a la inteligencia artificial cambios que, en realidad, ya venían produciéndose desde hace años. La IA ha incrementado el volumen de amenazas y ha facilitado que actores con menos conocimientos técnicos puedan lanzar campañas más sofisticadas, pero la mayoría de los ataques siguen apoyándose en técnicas bien conocidas. Sí han aparecido nuevos vectores relacionados con la propia adopción de la IA por parte de las organizaciones, especialmente cuando se despliegan agentes, modelos o herramientas sin tener en cuenta los riesgos de seguridad. “Se están implementando herramientas sin tener en cuenta el impacto que pueden tener en la seguridad y eso lo están aprovechando los atacantes”, explica. Para Albors, el problema no reside en la tecnología, sino en la rapidez con la que se está incorporando a los procesos de negocio sin evaluar adecuadamente sus implicaciones desde el punto de vista de la ciberseguridad.
Al mismo tiempo, la inteligencia artificial también está ayudando a reforzar las capacidades defensivas. Albors recuerda que el sector lleva años utilizando algoritmos de aprendizaje automático, modelos de IA y otras técnicas avanzadas para gestionar el enorme volumen de alertas que generan las plataformas de seguridad. En el caso de ESET, los laboratorios analizan alrededor de 700.000 amenazas al día, una cifra que sería imposible gestionar únicamente mediante intervención humana. El objetivo de estas tecnologías no es sustituir a los analistas, sino automatizar las tareas repetitivas y permitir que los equipos se concentren en aquellos incidentes que realmente pueden comprometer a una organización. En su opinión, “lo importante es saber seleccionar aquellas amenazas que son realmente críticas y contar con un equipo humano que pueda intervenir y bloquear este tipo de ataques”.
“Una empresa ciberresiliente es esa empresa que sabe a lo que se enfrenta”
Inteligencia de amenazas, la mejor herramienta para anticiparse a los ataques
La investigación de amenazas constituye otro de los pilares de la estrategia de ESET. A través del seguimiento continuo de campañas maliciosas, grupos de ciberdelincuentes e indicadores de compromiso, la compañía proporciona a las organizaciones el contexto necesario para comprender cómo evolucionan los ataques y qué medidas deben adoptar para protegerse. “Hay que unir las diferentes piezas del puzle para que las empresas entiendan lo que está ocurriendo y sepan cómo protegerse”, asegura. Esa inteligencia también permite identificar puntos débiles antes de que sean explotados y compartir información con empresas, organismos públicos y fuerzas de seguridad para contribuir a la detección y desarticulación de campañas criminales.
Además de reforzar sus soluciones de protección multicapa con inteligencia artificial, ESET prepara una inversión de 40 millones de euros para desarrollar una plataforma propia de IA en suelo europeo. Según explica Albors, esta iniciativa permitirá reforzar tanto la soberanía tecnológica como la disponibilidad de capacidades críticas para la defensa, reduciendo la dependencia de proveedores externos en un contexto geopolítico cada vez más incierto. “No podemos depender de que alguien decida que esas herramientas dejan de estar disponibles”, afirma, aludiendo a la importancia de garantizar el acceso a tecnologías estratégicas para la protección de las organizaciones europeas.
De cara a los próximos años, Josep Albors identifica una prioridad clara: reforzar la inteligencia de amenazas. Considera que conocer cómo actúan los atacantes permite optimizar las inversiones, proteger los activos realmente críticos y aprovechar mucho mejor las capacidades de las herramientas de seguridad. Muchas organizaciones, explica, incorporan nuevas soluciones convencidas de que ya están protegidas, cuando en realidad desconocen los riesgos a los que se enfrentan o no cuentan con los recursos necesarios para sacar partido a esas tecnologías. “Hay que saber a qué nos enfrentamos para poder preparar nuestras defensas”, afirma. En un escenario marcado por la automatización, los agentes de IA y campañas cada vez más rápidas, disponer de esa inteligencia será, en su opinión, uno de los factores que marcarán la diferencia entre reaccionar tarde o anticiparse a los ataques.















