La inteligencia artificial está acelerando el crecimiento de algunas de las mayores compañías tecnológicas del mundo. Pero detrás de las cifras de Azure, AWS, Google Cloud u Oracle Cloud Infrastructure hay otra carrera menos visible: la de construir la infraestructura necesaria para atender esa demanda. Centros de datos, GPU, servidores, redes, almacenamiento, refrigeración y suministro eléctrico están llevando la inversión a niveles difíciles de imaginar hace apenas unos años.
Para analizar el impacto de esta carrera hemos tomado como referencia a Microsoft, Amazon, Alphabet, Meta y Oracle, cinco empresas que están realizando fuertes inversiones para ampliar su capacidad de computación, aunque parten de modelos diferentes: Microsoft, Amazon, Alphabet y Oracle comercializan esa infraestructura a través de sus negocios cloud, mientras Meta la utiliza principalmente para sus propios servicios y productos de IA. La comparación permite observar no solo cuánto cuesta construir esa capacidad, sino también cómo intenta rentabilizarla cada compañía.
más que saber quién está dispuesto a gastar más, habrá que ver quién consigue sacar mayor rendimiento a todo ese dinero
Hablemos sobre el CapEx
El CapEx —capital expenditures— recoge las inversiones destinadas a activos que se utilizarán durante varios años. En este caso hablamos de centros de datos, GPU, CPU, redes o instalaciones eléctricas. No todo el CapEx de estas compañías corresponde a IA, aunque buena parte de su crecimiento sí está relacionado con la ampliación de la capacidad de computación.
Su impacto se entiende mejor mirando también la caja. El flujo de caja operativo refleja, a grandes rasgos, el efectivo generado por la actividad habitual de una empresa. Si descontamos las inversiones realizadas, obtenemos el flujo de caja libre, es decir, el dinero que queda disponible para otros usos. Cuanto más necesita invertir una compañía para crecer, mayor puede ser la presión sobre esa caja.
Microsoft sirve para verlo. Entre sus ejercicios fiscales 2024 y 2026, su flujo de caja operativo aumentó de 118.500 a 182.900 millones de dólares, pero el CapEx pasó de 44.500 a 115.900 millones. Como consecuencia, pese a generar mucha más caja con el negocio, el flujo de caja libre descendió de 74.100 a 67.000 millones.
La contrapartida empieza a aparecer en los ingresos. Azure creció un 43% en el último trimestre de su ejercicio fiscal 2026 y Microsoft Cloud superó los 214.000 millones durante el año. Sin embargo, la inversión continúa aumentando: Microsoft destinó 41.000 millones a CapEx solo en ese trimestre y aproximadamente dos tercios correspondieron a activos de vida más corta, principalmente GPU y CPU.
Además, parte del coste llegará más adelante. Los servidores y GPU no se contabilizan íntegramente como gasto al comprarlos, sino que su coste se traslada progresivamente a los resultados mediante la depreciación. Cuanto mayor sea la infraestructura instalada —y más rápido quede obsoleta—, mayor será esa presión futura.
La situación cambia cuando dejamos atrás a los grandes proveedores de infraestructura y miramos a los de seguridad
Distintas formas de afrontar la misma factura
Alphabet ofrece otra muestra de la magnitud que está alcanzando la inversión. En el segundo trimestre de 2026 generó 39.100 millones de dólares de flujo de caja operativo y realizó 44.900 millones de CapEx. Para el conjunto del año prevé invertir entre 195.000 y 205.000 millones. Al mismo tiempo, Google Cloud creció un 82%, hasta 24.800 millones, impulsado, según la compañía, por las soluciones empresariales y la infraestructura de IA.
Meta presenta una ecuación diferente. No tiene un negocio cloud comparable a AWS o Azure, pero su inversión empieza a alcanzar dimensiones similares. En el segundo trimestre destinó 31.080 millones a CapEx y generó 31.860 millones de flujo de caja operativo, dejando el flujo de caja libre en apenas 784 millones, frente a 8.549 millones un año antes. Su previsión de CapEx para 2026 se sitúa entre 130.000 y 145.000 millones. La IA contribuye ya a mejorar recomendaciones, publicidad y nuevos servicios, aunque sigue abierta la cuestión de cuánto valor adicional podrá extraer directamente de toda esa infraestructura. Algunos analistas plantean incluso la posibilidad de que termine comercializando capacidad de computación, pero por ahora es solo una hipótesis.
Amazon parte con la ventaja de que AWS ya constituye un enorme negocio de infraestructura. Sus ingresos crecieron un 37% en el segundo trimestre, hasta 42.232 millones de dólares, mientras el CapEx en efectivo alcanzó 53.100 millones. La compañía señala que estas inversiones se dirigen principalmente a infraestructura tecnológica para AWS y a su red logística. En su caso, además, buena parte de la nueva capacidad responde a una demanda ya contratada: los análisis recopilados sitúan la cartera de AWS cerca de 496.000 millones de dólares y apuntan a que el principal límite está actualmente en la capacidad disponible.
Oracle lleva esta tensión todavía más lejos. OCI creció un 121% en su primer trimestre fiscal de 2027, hasta 7.400 millones de dólares, pero el CapEx alcanzó 28.499 millones, frente a 8.502 millones un año antes, y superó los 23.103 millones generados por las operaciones.
La compañía está intentando reducir la cantidad de capital que tiene que aportar directamente mediante prepagos y acuerdos en los que los clientes proporcionan parte del hardware. Sus obligaciones de rendimiento pendientes —RPO, contratos firmados pendientes de convertirse en ingresos— alcanzan 664.000 millones de dólares y la utilización de su infraestructura de IA ronda el 98%. Hay demanda, por tanto, pero atenderla tiene un coste enorme.
la factura no termina con la compra de centros de datos, servidores y GPU
En ciberseguridad la factura aparece de otra manera
La situación cambia cuando dejamos atrás a los grandes proveedores de infraestructura. En ciberseguridad, buena parte de la inversión en IA aparece en I+D, talento, consumo de servicios cloud, desarrollo de modelos e incorporación de nuevas capacidades a plataformas existentes. Eso permite empezar a monetizar la IA sin asumir necesariamente una carrera de CapEx comparable a la de los hyperscalers.
SailPoint ofrece un ejemplo especialmente claro. En su segundo trimestre fiscal de 2027, las soluciones vinculadas a IA superaron los 70 millones de dólares de ARR y representaron más del 30% del nuevo ARR. Además, los clientes existentes que adoptaron estas soluciones incrementaron su gasto anual más de un 60%.
Palo Alto Networks muestra otra vía. La compañía no desglosa qué parte de sus ingresos procede directamente de la IA, pero está incorporándola a sus plataformas de seguridad mientras mantiene una elevada generación de caja. Su Next-Generation Security ARR alcanzó 9.100 millones de dólares, un 63% más, y cerró el ejercicio con un margen de flujo de caja libre ajustado del 38,4%. No permite atribuir ese crecimiento a la IA, pero sí muestra una diferencia respecto a los grandes proveedores de infraestructura: el CapEx no absorbe una parte comparable del efectivo generado por el negocio.
¿Y si la compañía de seguridad tiene su propia nube?
Zscaler introduce un matiz interesante. Su plataforma Zero Trust y SASE se presta desde una nube de seguridad propia, por lo que necesita más infraestructura que un fabricante puramente SaaS.
Durante su ejercicio fiscal 2026 destinó unos 350,5 millones de dólares a propiedades, equipos y software interno capitalizado, frente a 245,8 millones el año anterior. Las cifras están muy lejos de las de los hyperscalers, pero muestran que también en ciberseguridad la arquitectura determina dónde aparece la factura tecnológica.
Zscaler cerró el ejercicio con un crecimiento del 25% tanto en ingresos como en ARR y un margen de flujo de caja libre anual del 23%. Su caso ocupa así una posición intermedia: necesita mantener una infraestructura cloud global para inspeccionar tráfico, proteger datos y controlar cada vez más el acceso de aplicaciones y agentes de IA, pero sin asumir las inversiones multimillonarias de quienes proporcionan la capacidad de computación subyacente.
Cloudflare presenta una situación similar desde una red global que combina conectividad, seguridad y servicios para desarrolladores. Sus ingresos crecieron un 36% en el segundo trimestre, hasta 696 millones de dólares, mientras amplía una infraestructura que también busca dar respuesta al creciente tráfico generado por aplicaciones y agentes de IA.
una parte importante de esa enorme factura está convirtiéndose en negocio para quienes proporcionan los componentes necesarios para levantar los nuevos centros de datos
El retorno, la siguiente batalla
Las cifras muestran que la carrera de la IA no consiste solo en invertir más. Microsoft, Amazon, Alphabet y Oracle empiezan a acompañar ese esfuerzo con un fuerte crecimiento de sus negocios cloud, mientras Meta tiene por delante el reto de sacar más partido a una infraestructura que utiliza principalmente para sus propios servicios. En ciberseguridad, la situación es diferente: la IA empieza a generar nuevos ingresos sin exigir, en general, inversiones de la misma magnitud.
Y la factura no termina con la compra de centros de datos, servidores y GPU. A medida que estos equipos entren en funcionamiento, su depreciación irá reflejándose en las cuentas, al tiempo que la rápida evolución del hardware obligará a seguir renovando capacidad.
Por eso, más que saber quién está dispuesto a gastar más, habrá que ver quién consigue sacar mayor rendimiento a todo ese dinero. La demanda de IA está ahí y los ingresos empiezan a crecer. La cuestión es si lo harán lo suficientemente rápido como para compensar unas inversiones que, por ahora, no dejan de aumentar.
Mientras tanto, una parte importante de esa enorme factura está convirtiéndose en negocio para quienes proporcionan la infraestructura: fabricantes de GPU y procesadores, servidores, redes, almacenamiento y otros componentes necesarios para levantar los nuevos centros de datos. Los fuertes crecimientos registrados por algunas de estas compañías son la otra cara de la carrera inversora de la IA. Pero esa es otra historia.
















