Los agentes de inteligencia artificial están ganando terreno en los centros de operaciones de seguridad (SOC), aunque su adopción no siempre se traduce en mejoras medibles. Gartner estima que, en 2028, el 70 % de los grandes SOC habrá probado agentes de IA para apoyar las tareas de los niveles 1 y 2, pero sólo el 15 % conseguirá mejoras cuantificables si no establece previamente un proceso estructurado para evaluar estas tecnologías.
El 57 % de los profesionales consultados espera que la IA modifique las funciones dentro del SOC durante los próximos dos años sin reducir la plantilla
La evolución está siendo rápida. En apenas un año, Gartner ha situado los agentes de IA para el SOC desde una fase inicial de innovación hasta el denominado “pico de expectativas sobredimensionadas” de su Hype Cycle for Security Operations 2026.
Los datos de Prophet Security apuntan en la misma dirección. Su informe State of AI in Security Operations 2026, basado en una encuesta a 250 responsables y profesionales de seguridad, señala que el 40% de los equipos ya utiliza IA en sus operaciones y otro 56 % la está evaluando o realizando proyectos piloto.
Ante este escenario, Gartner plantea que la evaluación de los agentes debe partir de los problemas concretos que intenta resolver cada SOC y no únicamente de las funcionalidades de cada proveedor. Entre otros aspectos, recomienda analizar la reducción de la carga de trabajo, la integración con las herramientas existentes, los límites de autonomía y la capacidad de explicar y auditar las decisiones.
Los primeros resultados apuntan a mejoras operativas. Entre los equipos que ya utilizan IA, el 72 % asegura haber reducido al menos un 25 % el tiempo dedicado a investigar alertas. Sin embargo, el 28% de las alertas sigue sin investigarse y un 40% de las organizaciones reconoce haber desactivado determinadas reglas de detección por falta de capacidad para atenderlas.
Además, alrededor del 60 % afirma que alguna alerta que inicialmente no fue investigada terminó teniendo relevancia para la organización.
La autonomía sigue siendo limitada
Pese al avance de la IA agéntica, las empresas mantienen cierta cautela. El 57 % exige que una persona revise cada decisión de la IA antes de cerrar una alerta y el 44 % permite que el sistema recomiende acciones que posteriormente ejecuta un analista.
Sólo un 30 % autoriza la ejecución automática de acciones consideradas de bajo riesgo y un 13 % amplía esta capacidad a acciones de riesgo medio. Ninguna de las organizaciones consultadas concede todavía autonomía completa y sin supervisión a los agentes.
La transparencia también aparece como uno de los principales requisitos para ampliar esa autonomía. El 44 % señala como preocupación la privacidad de los datos y la forma en que se entrenan los modelos, mientras que el 41 % menciona la explicabilidad de sus decisiones.
El papel de estos agentes empieza, además, a extenderse más allá del triaje y la investigación inicial hacia ámbitos como la ingeniería de detección y el threat hunting. El 57 % de los profesionales consultados espera que la IA modifique las funciones dentro del SOC durante los próximos dos años sin reducir la plantilla.
La evolución sitúa así el debate en una nueva fase: más allá de las capacidades que ofrecen los agentes de IA, las organizaciones tendrán que determinar cómo medir su impacto y qué grado de autonomía pueden concederles sin introducir nuevos riesgos.
















